Esta es la historia del Proyecto Harapan

 

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Mi nombre es Carlos Ferrándiz, nací en 1980 y estuve trabajando durante 7 años como abogado en un gran despacho de abogados, con un futuro profesional que para muchos sería envidiable. En el año 2011 decidí dejar mi empleo, mi familia y mis amigos para trasladarme a vivir a Indonesia y poderme dedicar totalmente al Proyecto Harapan (Harapan significa esperanza en Indonés), proyecto humanitario que mi ONG viene desarrollando en la isla de Sumbawa en la República de Indonesia. 

Esta es la historia del Proyecto Harapan:

Desde niño mis padres me han inculcado la importancia de la ayuda al prójimo, llevándome desde que tengo 6 años a desarrollar labores humanitarias, en particular en comedores sociales y en residencias de disminuidos físicos y psíquicos. Por ello creo que esa vocación humanitaria se la debo en gran parte a mis padres, Carlos y María José y a mi hermana Laura, quienes me han enseñado a valorar desde bien niño lo que realmente tiene importancia en esta vida, la salud, el amor, la amistad, la alegría y siempre valorar lo que uno tiene, sabiendo sacar provecho de los momentos difíciles y afrontarlos con una enorme sonrisa.

En el año 2007 realicé mi primer viaje a Indonesia, en particular a la isla de Bali, atraído por su cultura y por las maravillosas olas de este país. En dicho viaje yo y mis amigos de la Salvaje (Sopelana), un poco cansados de la enorme cantidad de turistas y surfistas que nos encontramos en Bali, decidimos realizar un surftrip de unas semanas a la isla de Sumbawa, que está situada a tres islas de Bali. Sumbawa es una isla sorprendentemente distinta a Bali, isla extraordinariamente desarrollada económica y turísticamente hablando, dónde cada día miles de turistas llegan a su aeropuerto, procedentes de todos los lugares del mundo. En cambio Sumbawa, a pesar de ser una isla mucho más grande que Bali, (Bali: 5.700 km2, Sumbawa: 15,448 km2), apenas recibe unos pocos turistas semanales, y no sólo eso sino que además la población de Sumbawa apenas sabe explotar su oferta turística, lo cual podría ayudarles a salir de la extrema pobreza en la que vive su población. Por todo ello, el impacto y las sensaciones que me produjo ese primer viaje a Sumbawa fueron extraordinarias.

En dicho viaje nos instalamos en Lakey Peak, un conjunto hotelero destinado especialmente a surfistas, con algunas de las olas más famosas de Sumbawa (Lakey Peak, Lakey Pipe, Periscopes, Nangas…). A unos pocos kilómetros de Lakey Peak se encuentra la población de Hu´u formada por un conjunto de 6 aldeas, construidas a lo largo de una extensión de 30 kilómetros de carretera, y habitadas por aproximadamente 8.050 personas, de las cuales un 30% están en edad escolar. Dicha población vive en condiciones de extrema pobreza y de precariedad absoluta, provocada por su evidente exclusión social y por la ajenidad a cualquier tipo de infraestructura.

Un día se me acercó un niño queriéndose comunicar conmigo, pero hablándome en indonés, idioma que yo desconocía totalmente. Le pregunté si hablaba inglés, y él me contestó que no, que solo hablaba unas pocas palabras, lo cual me sorprendió enormemente puesto que es el único idioma con el que podía comunicarse con el poco turismo que existe en la isla, y aprovechar así el recurso económico que supone el turismo. Entonces le dije que al día siguiente yo le iba a enseñar inglés y que se lo dijera a sus amigos para que también vinieran a mis clases. Al día siguiente, me dirigí al lugar de reunión acordado con aquel niño, con una pizarra que me había cedido uno de los poquísimos hoteles que existen en la zona y con mis libros para aprender indonés a partir del inglés (en definitiva se trataba de utilizar los libros en el sentido contrario). Cuál fue mi sorpresa al ver que había acudido al lugar de reunión todo el poblado vecino, eran unas 150 personas entre las cuales había niños, padres e incluso abuelos. Maravillado por las ganas de aprender de aquella gente, decidí que mi vida debía cambiar para ayudar a aquella gente. En ese momento nació el Proyecto Harapan.

Durante el resto de mi estancia en Sumbawa, seguí cada tarde realizando mis clases de inglés. Era sorprendente como cada día iba viniendo más y más gente a las mismas, entusiasmados en que por fin alguien había decidido ayudarles.

Tengo que decir que la educación en la escuela indonesa es de una calidad muy baja, careciendo en muchos casos los profesores de preparación alguna para la docencia. Asimismo, la escuela indonesa no tiene ningún contenido técnico-profesional, por lo que el éxito de salida profesional de la población infantil es absolutamente nulo. Todo lo anterior, provoca que exista una total desconfianza a la escuela por parte de la población local, lo cual conlleva sin duda al enorme fracaso y abandono escolar, así como a las importantes carencias en educación y en formación profesional de la población de Hu´u.

Esa desconfianza a la educación provocaba que muchos niños en edad escolar no asistieran a la escuela indonesa de forma regular, fundamentalmente los niños que viven en las comunidades campesinas más alejadas. Además, muchos niños no iban a la escuela porque realizaban tareas productivas impropias de su edad: pastoreo, labores agrícolas, auxiliares de los pequeños comerciantes, limpiabotas, etc. Tampoco era fácil el acceso a las escuelas, debido a la falta de transportes escolares y malas comunicaciones que imposibilitan que los niños de las aldeas más distantes se desplacen diariamente a la escuela. Según los maestros, muchos padres mostraban un escaso interés en que sus hijos fueran a la escuela y, ya sea por necesidad o por apatía, preferían que éstos ayudaran en las tareas domésticas, en el caso de las niñas, o colaborasen en las faenas del campo en el caso de los niños. Además, se identificaron toda una serie de pequeños empresarios que utilizaban niños para labores auxiliares, aprovechando el bajo coste de esta mano de obra. Aquellos niños necesitaban urgentemente una escuela que les diera una educación de buena calidad para poder salir de la extrema pobreza en la que viven, y ese era sin duda alguna mi cometido.

Una vez de vuelta a Barcelona, seguí con mi empleo de abogado pero sin poder olvidar ni un segundo aquella maravillosa gente, que por muy dura que fuera su vida, siempre llevaban una enorme sonrisa dibujada en la cara. Me puse a trabajar en el Proyecto Harapan, ideando la construcción de una escuela en la localidad de Hu´u y reuniéndome con especialistas en el sector de la cooperación, quienes me ayudaron a saber que documentación debía preparar y que pasos debía seguir para ejecutar el mismo. Todo ello compaginándolo con mi ajetreada vida de abogado, que apenas me permitía dedicar unas pocas horas diarias al proyecto, y algunos días ni eso.

Durante los siguientes años, fui realizando cada año estancias de 2 y 3 meses en la isla de Sumbawa y desarrollando cursos de idiomas y actividades deportivas destinadas a los niños de la población de Hu´u, así como realizando entregas anuales de dotaciones de material escolar, pedagógico, deportivo y médico-sanitario. Asimismo, fui aprovechando mis estancias en la isla para ir recopilando toda la documentación que precisaba para el proyecto (acuerdos con el Gobierno Indonés, con la comunidad religiosa, con las escuelas locales, con la población local, con el hospital más cercano, presupuesto de construcción, búsqueda del terreno donde construir la escuela…). Si quería llevar adelante el Proyecto Harapan, necesitaba tenerlo todo cerrado y que todas las instituciones estuvieran conformes con el mismo.

Hasta el momento, solo era una iniciativa personal, necesitaba constituir una ONG y tener listo todo el proyecto con toda la documentación precisa para la ejecución del mismo.

En el año 2010 tras mi vuelta de Indonesia, me reuní con varios familiares míos, que llevaban muchos años desarrollando labores humanitarias en África, labores enfocadas al ámbito médico-sanitario. Tras muchas conversaciones, decidimos constituir una ONG y así profesionalizar nuestras iniciativas humanitarias, además sería una buena oportunidad para unificar nuestras actividades médicas y educacionales y así abordar proyectos mucho más ambiciosos. Después de mucho trabajo, por fin pudimos constituir nuestra ONG.

Ya estaba todo listo para poderme trasladar a vivir a Indonesia, eso sí, faltaba una cosa básica para poder empezar a ejecutar el proyecto, y la construcción de la escuela, la financiación. Me reuní en Barcelona con consultor de negocios en Indonesia quien insistía en que si quería buscar financiación, debía recurrir al gobierno indonés, según él, uno de los gobiernos más ricos del mundo, dado que apenas existe gasto público en el país (no existe educación pública, ni sanidad pública, etc.) y los ingresos económicos del gobierno son enormes (exportaciones, turismo, etc.). Debía trasladarme a Indonesia para conseguir buenos contactos en el gobierno, donde ahora me encuentro viviendo.

Siempre he creído que los sueños son para hacerlos realidad y mi sueño es construir esa escuela en Hu´u, y estoy convencido que aunque me cueste muchísimo esfuerzo y tiempo, algún día lo conseguiré.

Esta es la historia del Proyecto Harapan.

  

 

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